sábado, 30 de julio de 2016

EL CANAL DE PANAMÁ Y VENEZUELA (Del libro Miranda: El Fuego Sagrado de la Libertad)

Retrato de Francisco de Miranda, atribuido a Jean-Jacques Françoise Le Babier (Francia 1738-1826). Se observa atrás la espada y el bicornio de General del Ejército Francés y el Mapa de Hispanoamérica con el Istmo de Panamá, al centro.


El Canal de Panamá Ampliado fue inaugurado el 26 de junio de 2016. Se trata del proyecto de expansión de la vital vía de navegación con un tercer juego de esclusas.


Acontecimiento histórico fue la puesta en vigencia del Tratado de 1936 entre Panamá y Estados Unidos, reconocido y suscrito por medio de acto internacional en la década de los setenta por los Presidentes Torrijos y Carter. La soberanía del canal interoceánico por la República de Panamá entró en vigencia el 31 de diciembre de 1999 a las doce de la noche. Del Canal de Panamá mucho se escribe y habla a partir del inicio de la magna obra por Fernando de Lesseps y de su conclusión por los Estados Unidos a principios del siglo XX. Poco o nada se dice de la etapa española y la contribución venezolana a esta maravilla del mundo. Antecedentes que son como prehistoria que la prensa y los discursos omiten. La historia es oportuna para el Tercer Milenio, cuando se hace efectiva la transmisión de una época a otra. Acerquémonos al tema.

Encuentro en El Paraíso
Vasco Núñez de Balboa descubre el Istmo de Panamá el 25 de septiembre de 1513. Abre el tiempo especulativo, de lo divino y de lo terreno. Pascual de Andagoya, súbdito del Carlos V, informa de la inconveniencia de abrir un paso interoceánico, mientras López de Gómara califica la idea de “obra de tan alto príncipe”. Consejeros y teólogos aplicaron Matrimonio, XIX, 3-9: “Lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre”.  Y salvar el alma era el mejor negocio que tenía el hombre en aquella época.
En tiempo de Felipe II se ordena el I Plan de Defensa de las Indias Occidentales, iniciándose las obras de fortificación en 1595. Panamá y su istmo entraban en las consideraciones de los ingenieros militares. Siglo y medio después, con Felipe de Anjou se toman nuevas providencias defensivas, al quedar franca y abierta la rivalidad con Inglaterra.
La idea de hacer un canal de navegación interoceánico en Centroamérica no pasó del ejercicio académico y de la conversación entre esa elite de hombres que fueron los ingenieros militares en  España y en el Nuevo Mundo. “Toda civilización tiene un código oculto, un conjunto de reglas y principios que presiden todas las actividades y las impregnan de un repetido diseño”. (Alvin Toffler)
Prometeo y el Americanismo
Fue don Francisco de Miranda (1750-1816), el Protolíder de la Independencia Americana, el primer talento comprometido con la empresa de cambio. Él vio en la magna obra del Canal de Panamá la pieza fundamental de las negociaciones entre las potencias que apoyen la emancipación y el punto que va a transformar el equilibrio de las fuerzas del mundo.
En su Diario de Viajes en 1788 al pasar por el Ducado de Schleswig-Holstein comenta: “Dicho canal se había concluido hace tres años con el trabajo solamente de un mil hasta dos mil hombres... Que reflexión para quien ha visto y considerado el que podría hacerse en el Istmo de Panamá!” (Primera cita de Miranda).
Los Mapas eran material confidencial en el ámbito hispano. Los americanos vivían en un limbo, desconociendo su medio físico geográfico. Miranda tenía conocimientos amplios sobre este y otros temas, que mueven un “affaire” de los servicios de inteligencia españoles por “los planos hechos aquí por el oficial Miranda para el reconocimiento del Istmo de Panamá por parte de Mandinga”.
Vale recordar que Miranda fue quien hizo imprimir al editor británico William Faden el Mapa Geográfico de América Meridional de Cano y Olmedilla. Tal previsión salva de la censura y de la destrucción el extraordinario trabajo cartográfico, que se conoce en el mundo a partir de la edición inglesa del 1º de enero de 1799. En ese año inician su viaje hacia el asombro Humboldt y Bonpland.
A fines del siglo XVIII, Miranda en todos sus proyectos y planes de independencia, así como en el Acta de París, incluye en la agenda el tema del canal, dando “por cierto número de años del uno al otro lado las condiciones que por ser favorables, no serían exclusivas”. “La ciudad Federal será construida en el punto central (quizás en el Istmo) y llevará el nombre augusto del Colón a quien el mundo debe el descubrimiento de esta bella parte de la tierra”.
Londres cuna del Americanismo
Llega en 1810 a Londres la Misión diplomática que envía la Junta de Caracas Conservadora de los Derechos de Fernando VII. Afirma el historiador José Luis Salcedo Bastardo “En la Casa de Grafton Street, Miranda hizo para Bolívar y Bello la revelación de América, como causa, objeto y meta del vivir trascendente”. A partir de allí se produce la transferencia, la continuidad y la proyección generacional que tiene su origen e inspiración genuinamente mirandina.
La Anfictionía y Centroamérica
La primera referencia de Simón Bolívar (1783-1830) la hace en la Carta de Jamaica en 1819: “¡Que bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!”. La capital de la integración iba a llevar el nombre de Ciudad de Las Casas, en homenaje a Fray Bartolomé y estaría cerca del Istmo. Antes del triunfo de Ayacucho (7.12.1824), el Libertador Simón Bolívar piensa en la convocatoria al Congreso de Panamá con el objeto de propiciar una confederación de Estados Americanos, capaz de defender la independencia y soberanía, fomentar las relaciones entre los Estados, servir de cuerpo consultivo a los conflictos e interpretar los tratados públicos, ser arbitro y conciliador en disputas internacionales.
El 22 de junio de 1826 tuvo lugar el Magno Congreso con la asistencia de la Gran Colombia, Perú, México y Centro América. Otros países hispanoamericanos no lo hicieron por diversas razones. Los Estados Unidos enviaron un delegado bajo la condición de que Bolívar aplazara su proyectada invasión libertadora a Cuba y Puerto Rico. La Gran Bretaña y Holanda acreditaron sus observadores.
El prócer y médico Máximo de Palafox y Alexander von Humboldt aconsejaron, Bolívar ordena las exploraciones y medidas para trazar un canal de navegación, entre 1826 y 1829. No faltaron las misivas del Francisco de Paula de Santander en el que sugería al Libertador ir a medias en el negocio del canal.
El geógrafo e ingeniero
Agustín Codazzi (1793–1859), un italiano hecho venezolano por sus méritos y contribución a la gesta emancipadora, fue el eslabón de continuidad. Exiliado de Venezuela por ser paecista, Codazzi va a culminar sus días en Colombia donde realiza importante labor y aportes fundamentales para el conocimiento de su geografía y su desarrollo vial. Sobresalientes fueron sus estudios topográficos y geográficos para el trazado del Canal de Panamá. Entregado a esas duras faenas, le sorprende la muerte en el ejercicio de su profesión en Espíritu Santo. En los círculos intelectuales y sociedades científicas europeas, la obra de Humboldt y de Codazzi fueron las luces que despertaron la atención en Hispanoamérica, y entre tantas otras cosas, del tema del Canal de Panamá.
Otro venezolano
Concluye dos siglos de tradición y energía creadora, en torno al tema de un paso interoceánico en Centroamérica, el ingeniero venezolano Manuel Cipriano Pérez (1860-1937). Trabajó en las obras del Canal de Panamá. El Gobierno de Panamá le nombró ingeniero jefe de la Comisión Panameña de Límites,  en 1906.  
Panamá en la ficción literaria
El escritor Enrique Bernardo Núñez (1895-1964) con La Galera de Tiberio (1938), hace el papel de escritor y cronista de la historia del Canal de Panamá y el mundo de seres en su alrededor. Dentro de la tradición de Rodó, Arguedas, dicha novela es un antecedente de la vanguardia literaria iberoamericana.  



Autor: Carlos Maldonado-Bourgoin
Docente, historiador y crítico de arte venezolano

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